El peligro de la adicción.

La adicción a la cirugía plástica.

Es natural desear sentirse bien con uno mismo y aceptar con gusto su reflejo en el espejo. Por este motivo, es más que comprensible que muchas personas acudan a la cirugía plástica para remediar ciertas imperfecciones o restaurar su aspecto tras una enfermedad o accidente. El problema llega cuando el deseo se convierte en obsesión y el paciente sano se transforma en uno adicto o dismorfofóbico. ¿Qué significa exactamente? ¿Dónde está la línea que separa una inquietud saludable de una enfermiza?

Es cierto que son cada vez más quienes recurren a procedimientos quirúrgicos (invasivos o no) para corregir lo que consideran rasgos poco estéticos. Una decisión que no implica que sufran ningún trastorno de la personalidad siempre que la lleven a cabo como un acto razonado y no como solución a problemas emocionales o por efecto de una patología psiquiátrica. Según los expertos, una de las señales de alarma que indica la existencia de un problema es la incapacidad del paciente a la hora de identificar exactamente aquello que desea mejorar o cambiar de su imagen. Respuestas ambiguas o excesivamente detalladas son advertencias verbales de que algo no va bien desde el punto de vista psicológico.

Los especialistas suelen distinguir 4 tipos de pacientes: los sanos, los que pasan por un momento difícil, los adictos a la estética y los dismorfofóbicos.  Una cosa es sufrir un complejo específico desde hace tiempo e intentar solucionarlo mediante la cirugía estética y otra, por ejemplo, tratar de salvar una crisis de pareja mediante un aumento de pecho. También se encuentran los que sufren de escasa tolerancia al envejecimiento y cuya forma de  enfrentarse al paso del tiempo es pasando continuamente por quirófano, conducta que viene alimentada por el intrusismo médico, la publicidad y la banalización de las intervenciones. Por último, se encuentran los pacientes perfeccionistas que ven defectos donde no los hay y desean rectificar situaciones que no lo requieren en absoluto.

En el instante en que se detecta una anomalía comportamental de este tipo, es necesario actuar y buscar apoyo profesional para comprender que la cirugía, al igual que el dinero, no da la felicidad. La mayor parte de las veces, cuando se apuesta por la cirugía de forma impulsiva y no meditada, el resultado no suele ser satisfactorio ya que no alcanza a satisfacer las utópicas expectativas de los pacientes. Es crucial reflexionar detenidamente sobre el cambio que se busca y recurrir a profesionales cualificados que podrán orientar la decisión de manera adecuada y realista.

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Fuente: Efesalud

Autor:

Dr. Palacios Ortega

Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora en Pamplona, Bilbao y Logroño.

Más de 20 años de experiencia y reconocimiento internacional.

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